EGO




Comúnmente, el ego es calificado como negativo. Por una parte está asociado a la idea de personas que “se consideran más importantes que las demás, que son orgullosas, interesadas, entre otras..” y por otra parte, se cree que todo lo proveniente del ego no es genuino o no responde a la autenticidad del ser. Dichas ideas son respaldadas por algunos enfoques de la psicología y por corrientes espirituales orientales, que afirman que conseguir disipar el ego es el camino de la sanación y de la liberación.


Desde la psicoterapia Gestalt el ego tiene un significado diferente y no es necesariamente negativo. El ego es definido como una coraza que vamos armando a partir de nuestra interacción con el mundo y que tiene como funciona ayudarnos a recorrer el camino, de acuerdo a lo que vamos consignando en esta estructura psicológica.


Cuando nacemos somos seres indefensos y frágiles, nos encontramos supeditados al cuidado de nuestros padres o personas a cargo, y son estas personas las encargadas de nuestra supervivencia por los primeros años de nuestra vida, supliéndonos de alimentación, refugio y afecto. Ocurre que independientemente de la buena intención de los cuidadores, van a existir momentos donde éstos no nos prestan atención como queremos o como necesitamos y empieza a surgir aquí “una forma de ser” que nos garantiza que nos presten la atención requerida.


Por ejemplo, si somos más silenciosos, papá nos va a tener paciencia y va a querer pasar tiempo con nosotros. Si nos comportamos educadamente, mamá nos va a premiar con más cariño.


Es así como empezamos a crear esta configuración alrededor de nuestro SER para asegurarnos de que vamos a ser queridos, reconocidos, cuidados y que vamos a sobrevivir. Una fachada que se alza a partir de lo que primero, otras personas consideran “debe ser” en busca de aprobación y de favorecer nuestra salud psicológica y emocional, segundo de lo que vamos aprendiendo de las vivencias y del encuentro con nuestro entorno.


El ego se afianza con las interacciones y con el tiempo, se manifiesta como “el carácter” o “la personalidad” y nos empezamos a identificar desde este. Entonces, a manera de máscara, de un personaje, nos presentamos al mundo diciendo: “soy fuerte, no muestro mis sentimientos”, “soy inteligente, no me equivoco”, “soy seri@, no juego”, “soy frí@, no me enamoro”, “soy bien-portad@, apruébame”, "Yo no me enamoro", "Soy perfeccionista", etc.


Confundimos este personaje creado con nuestro SER. Llevándonos a distanciarnos de nuestra creatividad existencial, de nuestra genuinidad, de nuestra esencia y es aquí donde tendemos a confundir el EGO con algo malo, y no necesariamente, pues es esta configuración la que nos ha permitido sobrevivir a ciertos desafíos en la vida, nos ha enseñado sobre parámetros de comportamiento pero no es quien somos.


En palabras de Andrew Cohen:

“El auténtico yo es la mejor parte del ser humano. Es la parte de ti que ya se preocupa, que ya está apasionada sobre la evolución. Cuando tu auténtico yo milagroso se despierta y se vuelve más fuerte que tu ego, intentarás marcar una diferencia en el mundo. Literalmente entrarás en una alianza con el principio creativo”


La manera acertada para lidiar con el ego, es convivir con él, aprender a identificarlo y no dejar que nos limite. El ego no se puede remover de nosotros porque hace parte de nuestra estructura psicológica y tampoco queremos removerlo porque lo necesitamos: para entender situaciones, contextos y comportamientos.


Es una de las herramientas más importantes con la que contamos para adaptarnos a las demandas de la interacción. La invitación está ahí, en pensarnos el EGO como un recurso, no como nuestra definición porque somos seres ilimitados y generosos.



Tabla comparativa:








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