T R I S T E Z A

Actualizado: 18 de abr de 2018


Nos encontramos inmersos en una sociedad donde todo lo que nos ocurre tiene que ser llevado adelante con “la cabeza en alto” y ojalá con una amplia sonrisa de dientes bien blanquitos.


El miedo a la vulnerabilidad nos ha ido empujando a rincones apartados, de encuentros superficiales y de empatía nula. Si las mujeres lloramos “somos muy sensibles o dramáticas” y si los hombres lloran “son unas mujercitas”.


Negar la parte desafiante que acarrea vivir, no resuelve nada. Cuando las personas tienen una necesidad, ésta se va a ir fortaleciendo hasta que logra captar la atención que requiere para ser solucionada. Desde la Gestalt, se diría que esta necesidad se va a diferenciar del fondo (todo) para convertirse en figura (foco). Las necesidades que no son atendidas además de arraigarse, consumen nuestra energía física y psicológica, ya que son “pendientes” que interfieren con el funcionamiento del organismo.


Al igual que el hambre (necesidad física) no se calma sacándole atención, la tristeza (necesidad emocional) no va a pasar reprimiéndola, escondiéndola, ignorándola, etc. Lo que sí es cierto, es que cada uno de nosotros tiene una manera que le resulta efectiva para descargar, acomodar y cerrar la situación.

Plantear la tristeza como una necesidad puede generar incomodidad, porque bien hemos escuchado toda la vida que “hay que ser fuertes”, casi por obligación. Esta idea invita a creer que experimentar “bajones” emocionales es un síntoma de debilidad. Sin embargo, sentirse triste ante una situación que lo amerita, por encima de la conceptualización del “bien y el mal”, es una clara señal de salud, y será solo a través de vivirla que podremos sobreponernos y llegar a la aceptación.


La tristeza tienen como función el autocuidado, esta emoción nos permite tener momentos de introspección, en los cuales hacer contacto con nosotros mismos para sentir, limpiar, reflexionar, descargar, atravesar el duelo y pensar en nuevas maneras para restablecer nuestro balance.


Por el contrario, cuando nos interponemos en el proceso natural de la tristeza por miedo a la sensación, aparece el sufrimiento que tiene que ver con el apego a la situación y la negación de la realidad. Aceptar nuestra realidad y su emoción, permite atravesarla sin crear más dolor del que ya podemos estar sintiendo.



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