Amor romántico



Lo primero que todxs tendemos a responder cuando nos preguntan acerca del amor tiene que ver con sentimientos íntimos, personales, experiencias intangibles e indescriptibles, a veces incluso es explicado como algo mágico. El amor en esencia es un fenómeno simple al cual hemos atribuido significado de acuerdo a nuestro contexto sociocultural, histórico y geográfico.


Entonces si es un fenómeno tan particular e íntimo, ¿por qué tendemos a dar las mismas repuestas?


El amor como lo conocemos ahora, es un fenómeno sociológico originado en el siglo XVIII (siglo de las luces) donde varios personajes ilustrados se congregaron para definir y acuñar lo que es este sentimiento y cómo era experimentado por cada persona de acuerdo a su género.


A los hombres se les adjudicaron características como: fortaleza, vitalidad, carácter, valentía, rudeza, etc; y a las mujeres se nos adjudico: dulzura, bondad, entrega, compromiso y otras características blandas. Con esto se logró establecer la idea de que hombres y mujeres venimos de naturaleza con ciertas características y que necesitamos relacionarnos entre nosotros para estar completos.


Según Vigarous (1807) “hombre y mujer son el mismo ente dividido en dos mitades separadas; a la una le acompaña la fortaleza y la rudeza, y a la otra la debilidad y dulzura: estas cualidades aisladas, nada son por sí, pero reunidas se sostienen y templan mutuamente”. Esta idea lleva a la exaltación de las relaciones heterosexuales virtuosas, en las cuales ya no hay diferencia jerárquica sino “complementariedad” entre los géneros y esta unión debe estar legitimada por un contrato matrimonial.


Así pues, este contrato legal deja de ser un acuerdo meramente financiero para mantener el patrimonio familiar y se convierte además en el testimonio de que se ha encontrado a la persona amada, deseada, correcta para reproducirse y además complementaria. De acuerdo con Jankowiak (1994) estos son los cuatro elementos comunes en las relaciones de amor romántico: idealización, erotización del otro o la otra, deseo de intimidad y expectativa de futuro.


El amor romántico es definido por las instituciones, la sociedad y el poder. Lo que consideramos íntimo tiene que ver más con una serie de valores y percepciones impuestos e interiorizados que con una experiencia individual del sentimiento. Este fenómeno es fortalecido por la religión, la educación y los medios de divulgación como las canciones, los libros, las producciones audiovisuales, etc.


Responde a una reestructuración social y una domesticación de la sexualidad que descansa sobre el discurso misógino, en el cual los hombres tienen como valía exaltada en su realización política y económica, y las mujeres se les atribuye valor a partir del matrimonio y la maternidad. Como critica Lagarde: “Para las mujeres el amor no es solo una experiencia posible, es una experiencia que nos define”


Esta concepción del amor, además de ser completamente errada, tiene como agravante que está sustentada en una normativa patriarcal en el cual el rol de la mujer, incluso con la teoría de los complementos –que también es errada: todxs somos seres completxs- nos ubica en una posición de completa subordinación ante los hombres.


“El amor ha sido el opio de las mujeres. Mientras los hombres se dedican a gobernar, nosotras nos dedicamos a amar” Millett (1975)


Estar “enamorada" actúa como un mecanismo de defensa contra la verdad de la subordinación, ofreciendo a las mujeres el engaño de que son a la vez donantes y receptoras (Langford, 1999). Una relación planteada desde las diferencias de sus integrantes acarrea consigo un peligro latente y es aquí donde se hace evidente el reto feminista frente al amor romántico, pues si no nos cuestionamos nuestras creencias machistas y sexistas, vamos a perpetuar una estructura social basada en la desvalorización de lo femenino, favoreciendo con esto la perpetuación de la violencia.


"El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal" Simone de Beauvoir


Todo indica entonces que lo que debemos hacer no es aprender a amar sino desaprender a amar románticamente. Aquí les dejo algunos consejos para empezar a romper el amor romántico, trascender la definición de un simple sentimiento y dar el paso hacia el amor libre:


Del amor romántico al amor libre:

  • Cuestiona el significado atribuido al amor

  • Reconoce seres independientes y completos

  • Prioriza la libertad, autonomía y realización personal

  • Afianza nuestro sentido de vida

  • Nos acerca a quien somos

  • Acepta que una relación sana se elige y se construye

  • Comprende que “el amor no lo puede todo”

  • Percibe igualdad de condiciones

  • Disfruta de camaradería y solidaridad


PODCAST VIDA REAL: https://ladivorcee.com/2019/01/20/vida-real-episodio-4-amor-romantico/


1,396 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo