Lo que no saben mis pacientes

Actualizado: jul 21



Lo que no saben mis pacientes, es que la primera vez que ocupé la silla de paciente, me quedé muda. Que sentía que todo lo que dijera iba a ser “tomado en mi contra”, entonces mis primeras palabras fueron “no sé cómo ser paciente”. Esta afirmación iba a significar muchas cosas más adelante incluyendo por supuesto que no sabía cómo se hacía eso de expresarle a otro mi mundo interior, mi percepción de las cosas.


Mi psicólogo, que también era mi profesor y director del lugar donde estudiaba, con una amable sonrisa me dijo “vos empezá por donde querás y yo me encargo del resto”; entonces comprendí que en esta figura él ya no era mi profesor y yo no iba a ser calificada.


En las primeras sesiones luché contra la sensación de ser evaluada, académicamente evaluada y con la necesidad de ser perfectamente clara con mis emociones, mis reflexiones y mi habilidad para conectar todo con la teoría. Mientras escribo esto me doy cuenta que claramente esa necesidad de sobresalir estaba completamente ligada con mi motivo de consulta.


El motivo de consulta es el conjunto de razones por el cual uno considera debería empezar un proceso psicológico, la motivación por iniciarlo. En mi caso el motivo fue; “si no haces proceso individual, no podés continuar la formación con nosotros”, básicamente estuve evitando el contacto terapéutico uno a uno desde mi percepción porque sentía que con los procesos grupales era suficiente.


Pero una cosa es considerar algo “suficiente” y otra es estar “evitando”, indudablemente, yo estaba evitando el encuentro con mi equipaje. Y ese fue el inicio de mi proceso, donde me desbaraté y reconstruí de manera más genuina, donde entendí que estaba bien, que yo estaba bien incluyendo mis experiencias, mis emociones y mis deseos. Para mí el desafío estaba siempre en encontrar alguien en quien confiar, y no solo eso, también alguien que me ayudara a dar el paso que me costaba.


Lo que quería que supieran mis pacientes es que yo también sé lo que siente estar sentada del otro lado, sé lo que se siente ser escuchada con amor y con respeto, que parte de mi proceso tuvo que ver con el descubrirme como terapeuta y lo que quiero transmitir.


Además, me gustaría que mis pacientes supieran que con sus sonrisas me sanan el alma, que hay momentos donde siento que “debo salvarlos” de su maravillosa cabeza, pero que es cuando recuperan esa responsabilidad que les es propia, que los veo reconectar con quien son.


Agrego que a la mayoría, cuando siento la confianza, les digo “Queridx” porque quiero que recuerden que lo son. Que la sabiduría les desborda por los poros. Que admiro su valentía por poner sobre la mesa asuntos dolorosos y que me siento honrada por su confianza.

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