¿Necesidad de control?



¿Sienten mayor tranquilidad cuando son l@s encargd@s de resolver una situación? ¿Son reconocid@s por sus capacidades de resolución, consejería y recursividad? ¿Experimentan gran frustración cuando las cosas no salen como ustedes querían?


Si respondieron en positivo estas tres preguntas, pueden estar experimentando la necesidad del control. Es cierto que todas las personas necesitamos unos fundamentos para tomar decisiones, para protegernos y preservar la vida; también que somos responsables de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. La necesidad de control es la sensación apremiante de querer que se cumplan ciertos requisitos para poder así sentir tranquilidad.


Con lo anterior no estoy haciendo referencia, necesariamente, a la manipulación o los engaños para conseguir lo que se quiere. Existen diferentes grados en cómo se manifiesta esta necesidad, lo que se debe tener en cuenta es cuando la falta de dicho control, se vive a manera de ansiedad, llegando incluso a inhabilitar (no permitirles actuar) a las personas.


La intención principal de estas personas suele ser la de “garantizar” la seguridad propia y de los demás; sin embargo, suelen frustrarse con facilidad pues consideran que su forma es la más adecuada para pensar, sentir y actuar. Por esto cuando las situaciones no se resuelven como ellas consideran, suelen tener reacciones altamente negativas: enojo, impulsividad, bajón emocional, malestar físico, entre otras.


Si se realiza el ejercicio de introspección adecuado y la observación sobre la intervención que hacen estas personas en el contexto, podemos destacar grandes habilidades en resolución de problemas y en cierta medida, un grado de autoritarismo (esto en las personas que quieren imponer su manera de entender la vida). Suelen ser personas bastante admiradas por sus características de líder y a la misma vez suelen con sus acciones inhabilitar a los demás.


Lo que no es sano, inicia cuando urge tener el control de todas las variable que puedan afectar el curso de la vida; lo que es tanto imposible y como antinatural. A continuación la explicación en dos premisas:


La vida es impermanente.

La vida se encuentra en constante movimiento, es fluida. Para verificar esto podemos hacer el ejercicio de pensar en nosotros mismos hace 10 años, 5 años, 6 meses, al iniciar y finaliza el día. Todos, en nuestro propio tiempo y ritmo, nos encontramos recorriendo un camino de evolución, que tiene como fin la autorrealización. Dado que es impermanente, querer aferrarnos a lo mismo solo genera sufrimiento (alrededor de esta idea los budistas han centrando su teoría y su practica) entonces, si lo único permanente en la vida es el cambio, resistirnos a éste significa ir en contra del fluir de la vida, ir contra la corriente.

La vida nos enseña a fluir con ella.

La vida siempre se presenta con nuevas situaciones, personas y desafíos para que actualicemos nuestra manera de entender, solucionar y existir. Cuando no aprendemos lo que la situación tiene para enseñarnos, pareciera -y es así- que ésta misma se perpetúa hasta que estemos preparados para comprender la lección y trascender. Lo que estamos acostumbrados a hacer los humanos es a resolver las situaciones de una misma manera, con una misma herramienta, y es de este lugar de comodidad de donde la vida nos quiere mover, motivándonos a realizar ajustes creativos.


Es importante entender que lo que nos presenta la vida es precisamente lo que estamos necesitando para expandirnos y que solo vamos a crecer cuando nos ponemos a tono con esta experiencia y fluimos con ella. Recordemos que lo único que realmente está en nuestro control es la intención y la actitud con la que nos aproximamos a las situaciones, desde aquí es donde debería emerger la tranquilidad de que estamos haciendo lo mejor que podemos y el resto va a resolverse con la interacción del resto del sistema.

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