POLARIDADES I



En la exploración que implica cuestionarnos para conocernos y salir de la estereotipia en la que nos encajamos por nuestra cultura, educación y experiencias, aparece el autoconcepto como constructo del resultado de nuestra interacción con el contexto, con qué disposición realmente nacemos y cómo se va moldeando esto en la medida que transcurre nuestra vida.


Ante las preguntas: ¿Quién soy? ¿Cómo me describiría? ¿Qué me caracteriza? ¿Con qué no me identifico? las respuestas son variadas pero sobretodo rigurosas: esto soy y esto no soy.


Las polaridades desde la terapia Gestalt son abordadas como características o “formas de ser/estar” del ser humano; generalmente tendemos a percibir solo uno de los lados de esta polaridad y negamos o evitamos su contraparte.


Lo primero que quiero rescatar antes de adentrarnos más en el tema del ego y el carácter manifestado en las polaridades, es que nada existe sin su opuesto: no hay luz sin sombra, no hay exhalación sin inhalación, no hay mente sin cuerpo, etc. Se tratan de puntos extremos de lo mismo, no somos capaces de captar algo sin la existencia de su opuesto complementario.


El proceso de separación es principalmente cognitivo, es nuestra mente la que nos lleva a establecer acuerdos y límites, con el fin de entender conceptos y adoptar una identidad. Cuando somos concebidos somos unidad con nuestra madre y cuando nacemos nos “fragmentamos” por primera vez, y empezamos el proceso de diferenciación con el mundo: esto soy yo y esto es lo demás; esta es la primera contrariedad que aparece en nuestras vidas.


Después nos continuamos distanciando para: delimitar nuestro cuerpo –al cual a menudo tratamos como si fuese un objeto ajeno y no nosotrxs mismxs-, constituir nuestro yo, afianzar la pertenencia a grupos, entre otros. Con el funcionamiento habitual de la mente no tenemos la capacidad de percibirlo todo como una unidad; sin embargo, lo que podemos hacer es ampliar la conciencia de que cuando estamos en un lugar es porque existe otro, y por lo tanto este estado es transitorio.


Es el ir y venir entre las polaridades lo que mantiene el funcionamiento de todo lo que está vivo, sin la contradicción de los latidos de nuestro corazón (sístole y diástole) no existimos; asimismo, es cuando nos quedamos rigidizados en una postura o en un concepto, lo que nos empieza a enfermar y generar sufrimiento. Por ejemplo, si yo me describo como una persona generosa - que en primera instancia parece una característica positiva- y nunca me muevo de ahí corro el riesgo incluso de quedarme sin nada para brindar.


Esas polaridades afianzadas terminan por convertirse en lo que estructura nuestro ego. Solemos reconocer unas características y desconocer/no aceptar/proyectar las otras, generando con así una rigidez en nuestros sentimientos, nuestras respuestas, capacidades de reacción, creatividad y neurosis; que tiene como consecuencia repetición de decisiones, situaciones, conflictos internos y estilos de relacionamiento.


Por estos motivos la psicoterapia Gestalt destaca entre sus objetivos la integración de todas las partes del ser, promoviendo el dialogo entre las polaridades y el darse cuenta sobre su funcionamiento. En palabras de Carabelli: “Nuestra tarea consiste en ampliar la mirada y darnos cuenta de que estamos separando lo que está unido. No se trata de unir, sino de mirar bien y darnos cuenta de que siempre estuvo unido y completo”.


El trabajo enfocado en la integración de las polaridades es igual a la expansión de los límites de la conciencia, y una conciencia expandida es sinónimo de salud, pues habitar la totalidad de nuestro ser significa poder hacer uso de todos nuestros recursos existenciales.


Una persona que desconoce parte de sí está fragmentada, limitada y en conflicto; llevar luz (awareness) a los lugares en mí que desconozco promueve la aceptación de la totalidad de mi ser, incluyendo aquellas polaridades que no apruebo o que no me permito. Estos diferentes aspectos (opuestos) son parte de la misma unidad, parte de mi ser.


Una persona saludable de acuerdo con Joseph Zinker, es aquella que ha logrado ensanchar su personalidad y estirar el autoconcepto a través del reconocimiento de las polaridades que la constituyen, así algunas no sean aprobadas o bien vistas socialmente. Suele ocurrir que esa manera de "ser" que no nos permitimos, alberga en sí misma el alivio para nuestro malestar.

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