Sabiduría organísmica.



La sabiduría organísmica es el conocimiento impreso en nuestro diseño y tiene como objetivo la realización de nuestro organismo (alma-cuerpo-mente). La característica base que se encuentra en funcionamiento constante es la homeostasis, es decir, la búsqueda del equilibro del organismo.


Es parte de nuestro diseño: temblar para resguardarnos del frío, incomodarnos cuando nos atacan, fatigaros para buscar comida, encalambrarnos para movernos, sudar para refrescarnos, enfermarnos para ‘obligarnos’ a descansar, etc.


Perdemos contacto ágil con nuestra sabiduría organísmica, cuando empezamos a utilizar la misma forma de estar en las diferentes situaciones que se presentan. La estrategia que elijo para estar hace parte del ego e interfiere con la capacidad espontánea de identificación de necesidades, así llegamos a someternos a situaciones que nos alejan de nuestra salud.




Pregunta de Rámirez a Claudio Naranjo, (2011)










El ego se ubica entre el yo (autorregulación) y el entorno (mundo externo), dificultándonos el contacto con lo auténtico de nuestra existencia y lo espontáneo de la experiencia presente. El ego crece en recetas, se rigidiza y crea una sensación de falsa identidad que nos aleja de la sensación sentida, priorizando, atencionalmente, a la idea interiorizada.


Sin embargo, la búsqueda contante de autorregulación por parte de la sabiduría organísmica, seguirá encontrando caminos para regresarnos al equilibrio, al reposo; por esto continuamos sobreviviendo y teniendo las experiencias que nos regresan a nuestros instintos todas las veces que sean necesarias.


Según D. Lucca “la autorregulación organísmica es un sistema complejo y de funcionamiento suprapersonal”; en este orden de ideas no es que me enfermo por no descansar, es que me enfermé para descansar, pues esta es la la manera en la cual la propia sabiduría nos puede garantizar satisfacer la necesidad que hemos descuidado por estar privilegiando otra forma de estar en el mundo.


Poder soltar, cuestionar, vaciarnos de los introyectos, requiere disciplina y método, por ejemplo el de la Gestalt-terapia, el objetivo del terapeuta será en acompañar amorosamente sin interrumpir la capacidad del paciente de reencontrarse con su propia sabiduría y de esta manera observar la falsa identidad que se interpone en su autorregulación.


Darnos cuenta en totalidad es requisito para movernos de cualquier desafío que se esté presentando, sino puedo estar atendiendo a las distracciones de la inmediatez, del mandato externo, del pasado y futuro que ya no están, desatendiéndome donde me necesito y donde la vida ocurre: aquí y ahora.




Lecturas adicionales:

  • D. Lucca, F. 2010. La estructura de la transformación. Montevideo: Tiempo de lectores

  • Naranjo, C. 1990. La vieja y novísima Gestalt: Actitud y práctica. Santiago de Chile: Cuatro Vientos

  • Perls, F. 1969. Yo, hambre y agresión. Nueva York: Random House

  • http://www.scielo.org.co/pdf/rups/v10n1/v10n1a23.pdf

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